


Se activa en España …
UNA MAREA VIOLETA CONTRA LA OFENSIVA PATRIARCAL DE LOS GOBIERNOS CONSERVADORES

Ante las decisiones tomadas unilateralmente por los gobiernos de las comunidades autónomas gobernadas por partidos conservadores de derechas QUE:
Todo ello supone una violenta agresión a los avances logrados durante toda la democracia en la lucha por los derechos para las mujeres.
Estas medidas están teniendo como consecuencia directa el despido de profesionales cualificadas que venían desarrollando durante años su trabajo en los diferentes recursos de igualdad, prestando un servicio de calidad y compromiso con la igualdad.
Las organizaciones que suscribimos manifestamos nuestra repulsa y exigimos el cumplimiento de las leyes de Igualdad en todas las comunidades del territorio español, y convocamos a una movilización y manifestación/concentración a nivel estatal para el próximo 10 de febrero a las 19:30 horas en las plazas principales de las diferentes localidades.
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En el ambiente festivo y solidario de las actuales movilizaciones en España, el único incidente conocido, la única censura, fue la retirada de una pancarta feminista y el abucheo a quienes la colocaron. No debe sorprendernos: la ideología dominante nos invade a todos/as, desde la Plaza Tahrir a la Puerta del Sol. En todos los países, en todos los periodos históricos, el patriarcado no se sostendría sin la configuración del género masculino como rechazo de lo femenino, sin esa violencia simbólica escrita en el cuerpo de las mujeres, sin nuestra propia interiorización de la dominación masculina. Y como escribió Keynes: “La dificultad no reside en comprender nuevas ideas, sino en rehuir las viejas, que penetran hasta el último rincón del cerebro de aquell@s que, como la mayoría de nosotr@s, hemos sido educad@s en ellas”.
¿Qué hacer? La discusión teórica es importante , pero estoy convencida de que la batalla se ha de ganar en la práctica.
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Aunque ese inmenso continente llamado Australia, ha atraído la atención de muchas personas, todavía se sabe muy poco de que lo realmente sucede en su sociedad. En cuanto a la situación de las mujeres la idea generalizada es que gozan de una relativa igualdad. Aunque esté muy lejos de España, es interesante ver como la situación de la mujer no varía significativamente de la de otros países del llamado primer mundo. Pero antes, una breve pincelada histórica.
A pesar de que portugueses, españoles y holandeses navegaron por la zona, no fue hasta 1770 cuando el capitán inglés James Cook tomó posesión de las tierras australes. Como tantas colonias, este territorio estaba habitado libremente por los pueblos aborígenes, que muy pronto vieron como sus tierras eran invadidas por el hombre blanco y ellos convertidos en ciudadanos de segunda. En 1786 el imperio británico decidió emplear este territorio como una colonia penal y a comienzos de 1788 desembarcó la primera expedición en Botany Bay, para luego trasladarse a Port Jackson (Sydney). La primera flota que salió rumbo a Australia, transportaba a 759 convictos, 568 hombres y 191 mujeres; 13 hijos de convictos; 211 marineros y oficiales; 46 esposas y niños del personal, y 9 personas del cuerpo administrativo del capitán.
Los convictos eran en su gran mayoría hombres así como el personal que viajaba con ellos, y de las mujeres que eran deportadas, no todas lograban sobrevivir los nueves meses de travesía marítima. Junto a los convictos, viajaban oficiales y algunas esposas, pero muchas preferían quedarse en su país a arriesgarse a cruzar los mares en un barco de presos. En sus primeros años Australia tenía una marcada mayoría de hombres pero a partir de 1800 el gobierno británico puso en marcha importantes campañas para atraer la inmigración femenina. Durante décadas se hicieron numerosos esfuerzos para compensar la falta de mujeres y gracias a la inmigración la diferencia numérica entre hombres y mujeres se fue minimizando hasta llegar al mismo nivel que en otros países. Durante las épocas de inmigración masiva, se primaba a las familias con mayor número de hijas; también llegaron muchas expediciones sólo con mujeres, como el “Plan Marta”, de comienzos de los sesenta, que facilitó la llegada de 500 jóvenes españolas solteras.
En 1901 las seis colonias que se habían establecido se unieron para convertirse oficialmente en un Estado Federal, aprobando una constitución y estableciendo las instituciones gubernamentales. Al año siguiente, las mujeres lograron el derecho al voto, pero sólo las mujeres blancas, ya que los aborígenes tuvieron que esperar hasta mediados de los sesenta.
En poco más de cien años de historia desde la creación del Estado Federal, las mujeres que se establecieron en Australia lograron muchos derechos. Desde sus comienzos pudieron elegir a sus representantes y presentarse para ser elegidas. A lo largo de su corta historia se han llevado a cabo muchas políticas de igualdad. ¿Pero realmente han tenido éxito estas políticas?
Antes del auge del Movimiento Feminista, las australianas recibían el 54% de lo que los hombres ganaban por el mismo trabajo. En 1969 las mujeres consiguieron el derecho a recibir “igual salario por igual trabajo” (Acta Federal sobre Discriminación Sexual); ley que fue ratificada en 1984. Aunque en teoría ambos sexos deberían ganar lo mismo, la realidad es otra. En España las mujeres ganan alrededor de un 30% menos que los hombres, las australianas reciben un promedio de un 24% menos que ellos. Aunque este porcentaje varía según el ámbito laboral.
A pesar de que la ley dicta que ambos sexos deben tener la oportunidad de ascender en sus puestos de trabajo, la realidad es que las australianas siguen dándose cabezazos contra ese inamovible techo de cristal. Según estudios del 2008, en Australia existen cada vez menos mujeres en cargos directivos, menos que en Estados Unidos, Canadá o el Reino Unido. Las que acceden a puestos de liderazgo, como el de ejecutivas, ganan un 18% menos que los hombres, y las mánagers un 13% menos.
Es interesante señalar que a nivel nacional, las australianas ocupan sólo el 12% de los puestos de dirección ejecutiva entre las 200 más importantes compañías incluidas en el Stock Exchange, es decir 222 mujeres ocupan un total de 1856 puestos. Las industrias masculinas promueven más a sus empleados que a sus empleadas, y es interesante notar que una de las diferencias más amplias en salario se produce dentro de las compañías de seguros y de finanzas, donde ellas suelen percibir un 24.7% menos.
En el sector de las ciencias e ingeniería, la diferencia en salario es del 16%. La diferencia menor se encuentra en la hostelería, una industria típicamente femenina, donde los hombres reciben un 1.1% más que ellas.
Las mujeres ocupan la mayoría de los puestos de enfermería y del profesorado. Al igual que en España un mayor número de mujeres se dedica a la docencia, sobre todo a nivel primario. En 2002, la proporción de profesoras de primaria, empleadas a tiempo completo, era de 3.8 profesoras por 1 profesor, y de 2.1 por 1 en la secundaria. ¿Pero cuántas mujeres son directoras de escuela? Según las estadísticas más recientes del Estado de Nueva Gales del Sur, en 2005 un 63% del total de profesores de primaria que ostentaban cargos de responsabilidad, eran mujeres. Sin embargo ellas sólo ocupaban el 44% de los puestos de dirección. Lo mismo sucede a nivel secundario, las profesoras que ostentaban cargos de dirección conformaban el 32% del total de los puestos directivos.
En cuanto a la formación universitaria vemos que en 2006 las mujeres formaban un 56.6% de los estudiantes que accedían a la universidad, un 57.1% de los que obtenían su primera licenciatura, y un 51% de los estudiantes de postgrado. ¿Pero qué sucede? Es evidente que ambos sexos están accediendo a las universidades y se están graduando al mismo nivel. La diferencia la encontramos en el tipo de carreras que eligen y en el momento en que acceden a un puesto de trabajo – ellas siguen recibiendo salarios más bajos que sus compañeros. Cuando entran en el mundo académico o en cualquier puesto de trabajo, éstas no ocupan los puestos de liderazgo. Sólo hay que mirar a los departamentos universitarios, que en su mayoría son dirigidos por hombres. Es verdad que Australia ha avanzado mucho, hay muchas mujeres catedráticas, en el año 2002 por ejemplo, el porcentaje de académicas era de un 16% ante un 26% de hombres. Sólo un 10% de diferencia, pero el 80% de los puestos más altos están ocupados por hombres. Aunque las diferencias en el mundo académico se hayan reducido, ellos siguen accediendo a puestos de liderazgo mientras ellas permanecen en niveles más bajos.
Según estadísticas de 2006, del total de estudiantes universitarios, las mujeres conformaban el 69% de aquellos inscritos en ciencias sociales, filosofía, letras, y en educación; en temas relacionados con la salud, ellas conformaban el 72%; en empresariales, ellas ocupaban un 55% de las plazas. En ingeniería y otras tecnologías relacionadas, un 90.2% de los inscritos eran hombres, así como en el campo de la arquitectura, donde un 82.3% eran chicos. Cabe mencionar que las carreras de ingeniería y tecnología son las más caras.
Como vemos, la paridad parece haberse conseguido en cuanto al ingreso en las universidades aunque no en las diferentes opciones de materias. ¿Qué pasa una vez que estos alumnos y alumnas se gradúan? ¿Pasan a engrosar las filas del paro por igual? El índice de desempleo para ambos sexos ha ido bajando. En 2006 la tasa de desempleo era de 5.2% y a finales del 2008 era de 4.5%. En la siguiente tabla podemos ver los cambios en los niveles de desempleo para ambos sexos:
En cuanto a la participación de las mujeres en el mercado laboral, podemos constatar que ha habido un incremento en el número de mujeres que se incorporan al trabajo y una leve disminución en cuanto a los hombres. La participación de las mujeres se incrementó de un 48% en 1986 a un 58% en 2006, mientras que la participación de los hombres en el mismo periodo disminuyó de un 75% a un 72%.
Si hablamos de trabajo a tiempo parcial vemos que las mujeres cubren el 73.7% de todos los puestos y que el 42.7% de las mujeres trabajadoras tienen empleos a tiempo parcial, comparado con el 11.5% de los hombres. Como en el resto del mundo las mujeres suelen trabajar y dedicarse a su familia, y para compatibilizar ambas obligaciones optan por trabajar a tiempo parcial.
Sin embargo, cada vez menos mujeres deciden ser madres, y las que lo hacen optan por tener menos hijos. También está el fenómeno de que un 22% del total de las familias australianas son monoparentales, de éstas, el 87% son mujeres solas con niños menores de 15 años, y el 13% restante son hombres con hijos. En el pasado las madres solteras recibían una pensión si tenían a su cargo a niños menores de 15 años, pero desde 2006 las familias monoparentales que tienen hijos mayores de 8 años ya no reciben esta pensión, sino que reciben el mismo subsidio que las personas desempleadas. No es sorprendente que el número de madres solteras que trabajan a tiempo parcial haya incrementado, el Estado de Bienestar ya no está dispuesto a cubrir todas sus necesidades e impulsa a estas mujeres a incorporarse al mercado laboral. Desde el 2007, las madres solteras que quieren solicitar la ayuda estatal deben demostrar que están buscando trabajo o tener un trabajo de por lo menos 15 horas semanales, o bien estar inscritas en algún curso de formación.
Como sucede en otros países avanzados, cuando las mujeres optan por dedicarse a sus carreras en vez de dedicarse a tener hijos, el índice de natalidad disminuye. Los gobiernos entonces dedican sus esfuerzos a incentivar a las mujeres casadas o en pareja a tener hijos y dejar el mercado laboral, y al mismo tiempo animan a las madres solteras para que se incorporen a este mercado. Resulta paradójico que por un lado se incentive a las mujeres con formación a que interrumpan sus carreras para tener hijos, y que se incentive a las madres solteras a reincorporase al mercado laboral ocupando puestos a tiempo parcial y peor renumerados. ¿Qué sucederá con todas estas mujeres que trabajan a tiempo parcial y aquellas que dejan de trabajar una vez que lleguen a la edad de jubilarse?
Para contestar esta pregunta es necesario comentar brevemente el sistema de pensiones australiano. En Australia este sistema se basa en tres pilares: un plan de pensión privado que se llama superannuation; en el que el empresario está obligado a pagar a un fondo de pensiones el equivalente al 9% del salario del empleado; el empleado también puede contribuir parte de su salario de forma voluntaria, y por último un sistema de pensiones estatal. La superannuation se basa en el total de años trabajados y varía según el nivel salarial del que se ha gozado a los largo de los años. Una mujer que ha trabajado como profesora universitaria durante 15 años o más, al jubilarse recibirá un cantidad de dinero muchísimo más alta que lo que una mujer podrá recibir si ha trabajado la misma cantidad de años como dependienta en un supermercado, sobre todo si su puesto era tan sólo a tiempo parcial. Es más, la superannuation es un fondo de inversión y fluctúa según los mercados, lo cual significa que en cualquier momento puede subir, o bajar como lo ha estado haciendo en los últimos años. Las personas que veían ascender el valor de su inversión se han visto seriamente afectadas por el desplome de la bolsa, y a la hora de jubilarse y recibir el dinero acumulado han visto como sus ahorros han menguado.
Por otra parte, existe la pensión estatal que se otorga a cualquier persona que llega a la edad de jubilarse. Por el límite de espacio no discutiré el tema de las amas de casa y del trabajo reproductor de la mujer, tan bien elaborado por Lidia Falcón en La Razón Feminista, pero todo el mundo sabe que este trabajo no reporta ningún beneficio económico para las mujeres. El trabajo de ejercer como madre y cuidadora se hace gratis… En Australia se está dando el caso que cada vez hay más mujeres divorciadas, más viudas, mujeres que toda su vida se han dedicado a cuidar de los demás, pero como ese trabajo no ha sido considerado como tal, cuando llegan a la edad de jubilación no gozan de la superannuation y se ven abocadas a la pobreza ya que sólo pueden optar a la pensión mínima, que es de unos 575 euros por mes.
Es verdad que en Australia se han implementado cientos de planes de igualdad, la educación ha intentando transmitir valores no sexistas, se han impuesto cuotas de paridad, planes de discriminación positiva, se han aumentado los centros de cuidados para niños, ha habido ayuda para las madres solteras etc. Pero la realidad es que en Australia la completa igualdad entre los sexos sigue siendo una ficción. Las mujeres siguen ocupando los puestos menos prestigiosos, siguen percibiendo menos dinero por el mismo trabajo que hacen los hombres, cada vez más se ven obligadas a realizar una doble jornada como amas de casa y trabajadoras a tiempo parcial, y al llegar a la vejez, seguirán recibiendo menos que los hombres por no haber podido aportar a un plan de pensión privada como la superannuation. El reto para Australia, como para tantos países del mundo, es poder implantar todos sus bienintencionados planes, y seguir luchando para que ambos sexos compartan las mismas responsabilidades y se beneficien de los mismos derechos. Ya es hora, que se acate el Acta Federal de Discriminación Sexual aprobada hace sesenta años: “igual salario por igual trabajo”.
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Fuentes:
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Australian Bureau of Statistics y la Office for Women – NSW Premier’s Department.
Artículo publicado originalmente en Revista Maginaria, Nº 2, editada por la Delegación de la Mujer del Ayuntamiento de Sevilla, Abril 2009.
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