


Se activa en España …
UNA MAREA VIOLETA CONTRA LA OFENSIVA PATRIARCAL DE LOS GOBIERNOS CONSERVADORES

Ante las decisiones tomadas unilateralmente por los gobiernos de las comunidades autónomas gobernadas por partidos conservadores de derechas QUE:
Todo ello supone una violenta agresión a los avances logrados durante toda la democracia en la lucha por los derechos para las mujeres.
Estas medidas están teniendo como consecuencia directa el despido de profesionales cualificadas que venían desarrollando durante años su trabajo en los diferentes recursos de igualdad, prestando un servicio de calidad y compromiso con la igualdad.
Las organizaciones que suscribimos manifestamos nuestra repulsa y exigimos el cumplimiento de las leyes de Igualdad en todas las comunidades del territorio español, y convocamos a una movilización y manifestación/concentración a nivel estatal para el próximo 10 de febrero a las 19:30 horas en las plazas principales de las diferentes localidades.
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En el ambiente festivo y solidario de las actuales movilizaciones en España, el único incidente conocido, la única censura, fue la retirada de una pancarta feminista y el abucheo a quienes la colocaron. No debe sorprendernos: la ideología dominante nos invade a todos/as, desde la Plaza Tahrir a la Puerta del Sol. En todos los países, en todos los periodos históricos, el patriarcado no se sostendría sin la configuración del género masculino como rechazo de lo femenino, sin esa violencia simbólica escrita en el cuerpo de las mujeres, sin nuestra propia interiorización de la dominación masculina. Y como escribió Keynes: “La dificultad no reside en comprender nuevas ideas, sino en rehuir las viejas, que penetran hasta el último rincón del cerebro de aquell@s que, como la mayoría de nosotr@s, hemos sido educad@s en ellas”.
¿Qué hacer? La discusión teórica es importante , pero estoy convencida de que la batalla se ha de ganar en la práctica.
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Por Antonio García Domínguez
Existe una pinza que constriñe a las mujeres. La forman, por un lado, hombres en posiciones de poder en el ámbito del mundo laboral y social. Por el otro, hombres que no se corresponsabilizan suficientemente en las tareas de cuidados de la familia y del hogar común.
¿Qué une a estos hombres? En realidad poco. Los primeros suelen tener situaciones económicas privilegiadas que, además de una posición de liderazgo social, les permite tapar con dinero su falta de implicación real en el cuidado de las personas que les rodean. Los segundos, en su gran mayoría, se sitúan en el extremo opuesto, viéndose en clara desventaja y discriminación con respecto a los primeros. Estos últimos compensan su falta de recursos económicos, simplemente, permitiendo que sus parejas carguen injustamente con su parte no asumida de responsabilidad.
Unos y otros se ven distantes, quizás rivales; sus ideas de la vida y el mundo suelen ser incluso contrapuestas pero, en la práctica, ambos grupos forman la conjunción necesaria para que se dé la pinza que atenaza actualmente a las mujeres. Hablo, sencillamente, de los cimientos culturales del machismo y que, entre otras cosas, conforman las columnas que sustentan al famoso techo de cristal que está impidiendo el pleno desarrollo de las mujeres.
Los primeros se sienten incómodos cuando ellas se acercan peligrosamente a sus círculos de poder. Les encanta rodearse de mujeres inteligentes, atractivas y eficaces, siempre y cuando, no sean rivales directas, siempre y cuando, se mantenga un cierto desnivel en el status que les permita garantizar su posición de privilegio con la suficiente seguridad.
Estos hombres son los encargados de cooptar a las nuevas personas que se incorporan a los restringidos círculos de toma de decisiones. No les gustan las mujeres reivindicativas. Aceptan mujeres siempre y cuando sean escasa minoría y hayan incorporado como propias, las “reglas del juego del poder”.
Estos grupos tienen miles de peones que les hacen el trabajo sucio. A menudo, no son únicamente hombres. En los niveles más bajos de funcionamiento de este sistema, nos encontramos con mujeres que son preguntadas en las entrevistas de trabajo por su intención de ser madres, a partidos políticos donde se deciden las listas electorales más allá de la formalidad de las asambleas de militantes, a pactos de silencio entre hombres de empresa, a sindicalistas que en el fondo piensan que su fuerza y virilidad les hace más efectivos y a un largo etcétera. En el fondo todos piensan que su posición está más asegurada si apoyan a otros hombres.
Los segundos, tengan o no alguna posición de poder en el ámbito de lo social o laboral, desde luego, sí que la tienen en casa. Suelen tener una gran opinión sobre sí mismos o, al menos, sobre sus valores de libertad y justicia. Son hombres que se implicarán con más facilidad en actividades de solidaridad con los pueblos oprimidos o con el problema de la pobreza en el mundo, que con un cambio real que implique una relación más justa con su pareja.
Estos hombres han hecho un gran ejercicio de alquimia mental. Han conseguido no ver la injusticia en su propia casa mientras luchan contra las ajenas.
¿Qué une a estos hombres? La comodidad, la defensa de sus privilegios machistas, la negación de la historia y de la realidad actual y, sobre todo, el miedo a la libertad y a la capacidad de “sus” mujeres. Estos hombres, aunque luchen entre ellos defendiendo cada cual sus intereses, mantienen un pacto no escrito, un pacto de silencio en contra de las mujeres. Y lo hacen utilizando todos los resortes de que disponen: no hay más que leer la prensa y ver cuántos de ellos, desde su intelectualidad privilegiada, atacan de forma sistemática las propuestas de cambio hacia una sociedad más igualitaria.
Y lo paradójico es que estos hombres, a ambos lados de la pinza, mayoritariamente están de acuerdo con la igualdad formal. La inmensa mayoría piensa honestamente, que mujeres y hombres debemos tener los mismos derechos y oportunidades. Pero les puede el miedo cuando el escenario de esa igualdad se sitúa en su entorno más cercano. Sería bueno que alguien les mostrara la forma de liberarse de sus inseguridades y animarles a comprobar, por sí mismos, las ganancias de una convivencia en plena libertad e igualdad.
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8 de marzo de 2010: un recuerdo a todas las pioneras y, también para las que perdieron su voz La igualdad en Australia - ¿realidad o ficción?