


Se activa en España …
UNA MAREA VIOLETA CONTRA LA OFENSIVA PATRIARCAL DE LOS GOBIERNOS CONSERVADORES

Ante las decisiones tomadas unilateralmente por los gobiernos de las comunidades autónomas gobernadas por partidos conservadores de derechas QUE:
Todo ello supone una violenta agresión a los avances logrados durante toda la democracia en la lucha por los derechos para las mujeres.
Estas medidas están teniendo como consecuencia directa el despido de profesionales cualificadas que venían desarrollando durante años su trabajo en los diferentes recursos de igualdad, prestando un servicio de calidad y compromiso con la igualdad.
Las organizaciones que suscribimos manifestamos nuestra repulsa y exigimos el cumplimiento de las leyes de Igualdad en todas las comunidades del territorio español, y convocamos a una movilización y manifestación/concentración a nivel estatal para el próximo 10 de febrero a las 19:30 horas en las plazas principales de las diferentes localidades.
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En el ambiente festivo y solidario de las actuales movilizaciones en España, el único incidente conocido, la única censura, fue la retirada de una pancarta feminista y el abucheo a quienes la colocaron. No debe sorprendernos: la ideología dominante nos invade a todos/as, desde la Plaza Tahrir a la Puerta del Sol. En todos los países, en todos los periodos históricos, el patriarcado no se sostendría sin la configuración del género masculino como rechazo de lo femenino, sin esa violencia simbólica escrita en el cuerpo de las mujeres, sin nuestra propia interiorización de la dominación masculina. Y como escribió Keynes: “La dificultad no reside en comprender nuevas ideas, sino en rehuir las viejas, que penetran hasta el último rincón del cerebro de aquell@s que, como la mayoría de nosotr@s, hemos sido educad@s en ellas”.
¿Qué hacer? La discusión teórica es importante , pero estoy convencida de que la batalla se ha de ganar en la práctica.
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Aty Gutiérrez publica en El Correo Digital del 22 de Julio este artículo de opinión en la misma línea que el manifiesto reivindicamos el concepto de género.
¿Por qué insistimos en decir “género” y no “sexo”?
“Casi cada día nos estremecemos ante un nuevo crimen. Los medios de comunicación nos martillean repetidamente con el espanto que provocan los reiterados casos de violencia contra mujeres. Homicidios o agresiones cada vez más crueles, con víctimas de toda edad y condición, delante de los niños, que, para mayor horror, muchas veces acaban también siendo ellos víctimas de la furia destructora. En ocasiones, el propio suicidio del criminal. La violencia de género es un gravísimo problema en todas las sociedades, pero, sin lugar a dudas, en la nuestra se ha convertido en un hecho endémico de enorme gravedad, ante el que no debería caber sino el afán común para afrontarlo y erradicarlo.
No será fácil hacerlo. Pero será imposible si erramos en el diágnostico, si las instituciones se ponen a dar palos de ciego, si el problema sirve de pasto de disputas partidistas o si medios de comunicación poco escrupulosos se recrean en dar los detalles más nimios sobre la crueldad empleada en muchos de los casos para, engordando el morbo, aumentar las audiencias. ¿Derecho a la información o concurso de ideas?
El tema es grave y, por mi parte, pretendo reducirme a su base conceptual, porque en ella radica el diágnostico. De entrada me siento profundamente pesimista cuando constato que en nuestra sociedad hoy no está claro ni siquiera el abecé. ¿Por qué en los países que han logrado mayores cotas de igualdad entre mujeres y hombres (las sociedades del Norte de Europa especialmente), la perspectiva de género se halla ampliamente consolidada como una de las categorías esenciales de la democracia del siglo XXI, mientras aquí la ignorancia al respecto es supina? Es más, incluso muchas personas sensibles al problema de la violencia contra las mujeres y comprometidas con su erradicación se lo toman como juegos de palabras. Sirva de muestra el reciente artículo en estas mismas páginas de Santiago González, amigo de quien me declaro admiradora de su maestría como escritor y analista social, pero que se muestra contumaz en la ridiculización del concepto de género.
La confusión conceptual se halla demasiado extendida. El propio Gobierno de la nación la fomenta, al confesarse perdido en la terminología básica en su, por otro lado, loable intento de promover una Ley Integral contra la Violencia ¿de género? ¿de sexo? ¿contra las mujeres? ¿doméstica? ¿No deberían haberse dotado de una cierta seguridad teórica ellos mismos antes de lanzarse al ruedo? ¿De qué están sirviendo los distintos institutos de la mujer? Después de funcionar durante tantos años, ¿no cabría esperar de ellos una cierta incidencia en la toma de conciencia de temas tan básicos? Pues no. Ni siquiera se molestarán en consultar a Naciones Unidas o a la Unión Europea. Fuera conferencias mundiales, fuera programas de igualdad. La gran ocurrencia es consultar a la Real Academia Española sobre lo acertado de los términos. Ahora resulta que la RAE es la institución competente para dictaminar en temas sociales. Me temo que en España no se habría introducido ni siquiera el concepto de ‘clase’ social, si se hubiera realizado una consulta similar en el siglo XIX. Sugiero que la próxima consulta sea sobre el concepto ‘desarrollo sostenible’ o el de ‘multilateralidad’.
No busquen pues en los diccionarios, ni se pierdan en los vericuetos de la gramática. El género es un concepto sociológico. Para el feminismo de la igualdad ha resultado clave, porque gracias a él se ha librado del determinismo biológico conceptual que conducía directamente a la guerra de sexos. Bajo el prisma del género, los hombres dejaban de ser el enemigo.
Los géneros son construcciónes sociales, mutantes superficialmente pero con raíces profundas en la historia, raíces basadas en las diferencias de sexo, sí, pero sobre todo en los diferentes roles sociales atribuidos a cada sexo, diferencias seguramente abismales cuando la biología condenaba a las mujeres primordialmente a la reproducción. Pero hoy no estamos en la Prehistoria, sino en el siglo XXI, y la ciencia y los cambios ideológicos nos han liberado de algunas condenas a la Humanidad en general, y a su mitad, las mujeres, en particular. El feminismo de la igualdad (el último de los hijos de la Ilustración) busca emancipar a las mujeres en una sociedad más justa (benditas utopías), en la que las diferencias biológicas se conjuguen con una igualdad de derechos y de oportunidades real para mujeres y hombres. Precisamente por ello ha tenido vocación política y se ha aliado, en una necesaria pluralidad, con los partidos democráticos, para cuyas causas ha sido un magnífico y necesario complemento (¿si supieran aprovecharlo!).
Sin entrar a dictaminar sobre las causas de la violencia de género, es evidente que los agresores no consideran a sus compañeras personas iguales a ellos, sino como su posesión. Convierten a sus mujeres en ‘cosas’ y ejercitan su ‘derecho’ a esclavizarlas, ‘corregirlas’ y matarlas cuando se rebelan o intentan huir.
Socialmente, la violencia la ejercen mayoritariamente hombres contra mujeres, pero no por ‘ser hombres’, ni por ‘ser mujeres’, sino por asumir patrones culturales de dominación, machistas y discriminatorios. Son los patrones culturales, los géneros, los que deben modificarse en las sociedades democráticas. Las relaciones amorosas entre personas sólo pueden ser contempladas desde la igualdad, el respeto, la libertad y el consentimiento mutuo. Y aquí habría mucho que decir sobre una ideología machista que, a pesar de haber superado la sociedad española actual muchos de sus elementos, todavía alaba al hombre que ejerce su libertad sexual, mientras denigra a la mujer libre. El miedo social a la libertad de las mujeres como caldo de cultivo de la violencia.
¿Es también aceptable denominar a la violencia de género como violencia contra las mujeres? En mi opinión sí lo es, porque la desigualdad y la subordinación de roles todavía hoy existentes hacen que este desgraciado fenómeno afecte sobre todo a mujeres. Pero ¿cuidado con el futuro inmediato! Existe un más que probable riesgo de que algunas mujeres crean que la igualdad es compartir la prepotencia y el abuso. Tengo además serias prevenciones sobre el tratamiento de ‘discriminación positiva’ (‘acción positiva’ si se entendiera bien) que el borrador del proyecto de ley del Gobierno introduce, porque en este país la acción positiva se viene utilizando como instrumento de discriminación pura y dura, para favorecer intereses particulares o colectivos. En Euskadi así lo estamos padeciendo con el uso que hace el nacionalismo del euskera, pero este tema requiere otra reflexión. Únicamente quiero señalar que si la filosofía de la acción positiva se pervierte, en vez de ser uno de los instrumentos más eficaces en la búsqueda de la igualdad real y de la profundización de la democracia, se convierte en un elemento de conculcación de derechos civiles y suscita por ello rechazo social hacia la noble causa que dice defender. El proyecto de ley integral contra la violencia de ¿género? debería, por ello, hilar muy fino en estos aspectos, contando con la experiencia de la Unión Europea en su aplicación.
La lucha contra la violencia de género es un imperativo humano y democrático. Debe crearse un fuerte movimiento cívico, sustentado por el feminismo y por las mujeres, con el que tienen necesariamente que comprometerse los hombres. Los políticos (de ellos y de las familias depende un sector tan esencial como la educación) y los medios de comunicación tienen a su vez una enorme responsabilidad y no pueden olvidar que el objetivo no es buscar soluciones tan sólo a corto plazo, sino cambiar el modelo de sociedad para las generaciones futuras. Aquí, como en otros tipos de violencia, la culpa también alcanza a quien mira para otro lado.
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¿Iguales? La equidad de Género y la creación de REDES hispanas en la Sociedad del Conocimiento
Es una de las pores lacras de la sociedad, pero no se considera un problema global como, EL PARO, LA VIVIENDA, EL TERRORISMO O LA DROGA...
Intrínsecamente se sigue considerando un problema interno, como el SIDA,
A MI NO ME TOCA....
Mientras no gocen de todo el respeto las víctimas, haremos torpes progresos...
Todavía se mira a una mujer maltratada como si fuera cuando menos tonta por aguantar. Hay muy poca formación en la sociedad, y no se entra de lleno...
Cuando entendemos que una chica tenga un novio posesivo, que no le conviene, que la trata con desprecio, le da plantones, y ella SIGUE con él... y cuando todo el mundo conoceos ejemplos similares... ¿¿¿¿¿por qué cuesta tanto que esa relacion malsana, con el tiempo desemboque en un maltrato abierto, e inlcuso con los años en una muerte?????????
Besos.
Me gusta tu página, sobretodo el título elegido.
Carmen.
— Carmen 1.09.04 #